El océano siempre ha estado ahí, siempre en movimiento, siempre dando soporte a la vida, sea porque produce oxígeno y hogar a miles de especies, nosotros incluidos, claro, o porque produce alimento, placer, bienestar, calma, reflexión, protección y un sinfín de beneficios que damos por sentado que así tiene que ser.
Sin embargo, poco sabemos ( sin ofender) y menos aún reflexionamos sobre la importancia de entenderlo y cuidarlo en general y más aún en la zona inmediata, la zona costera, las playas, los esteros, los manglares y todas esas áreas de primera mano que luego no sabemos bien qué hacer en ellas. Quizás respetarlas y seguir estudiándolas sería el primer paso, ¿no? El nivel de vida o intercambio que ocurre ahí es sorprendente.
Por eso me da gusto festejar este 18 de mayo de 2026, un año más con la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad Autónoma de Baja California, a los oceanólogos, a los maestros y alumnos, y a todo el equipo interdisciplinario que ahí concurre y hace de esa Facultad un “hub” de talentos.
Tipos de lo más diversos, existencialistas algunos, comunistas otros, capitalistas sin duda; productores, investigadores, comercializadores, profesores, pero todos tratando de entender, aprovechar y conservar el mar y todo en él.
¿Escalas y áreas de trabajo? Aquí solo algunas: van desde estudios e investigaciones de corrientes y cambio climático, infraestructura para puertos, escolleras y rompeolas; otros buscando esa biomolécula que produce un caracol, un pez o una macroalga y ayudará a la salud; otros más atendiendo el sargazo en nuestras playas; otros reproduciendo especies para evitar su extinción; y otros más reproduciéndola para competir en los mercados de consumo de alimentos.
Otros llevando turistas y educando en cuanto al valor de proteger y conservar nuestros ecosistemas, promoviendo su protección y cuidado, ni qué decir de especializados en fotografía, después de todo, qué mejor sitio que nuestros mares…Desde la sierra, porque ahí estuvo antes el nivel del mar, hasta las profundidades que algún crucero evalúa en estos momentos.

Robando un cacho de historia, muchos conocen el ataque a Normandía, decisivo en la Segunda Guerra Mundial, el 6 de junio de 1944. Estuvo a punto de convertirse en un desastre militar absoluto de no haber sido por el trabajo científico de predicción de oleaje y mareas.
El nombre clave detrás de esta hazaña oceanográfica fue el oceanógrafo austriaco Walter Munk, junto con su colega Harald Sverdrup, quienes trabajaban en el Instituto Scripps de Oceanografía. Walter Munk desarrolló el primer método científico para predecir el tamaño de las olas y el comportamiento del oleaje en función del viento y la morfología costera.
El Día D estaba programado originalmente para el 5 de junio. Sin embargo, los cálculos oceanográficos y los reportes climáticos de James Stagg advirtieron que el mar estaría tan picado que las lanchas se hundirían. Eisenhower escuchó a los científicos y retrasó la invasión 24 horas.
Los meteorólogos y oceanógrafos detectaron una brecha breve de calma en la tormenta para el 6 de junio. El cambio de fecha tomó por sorpresa a los alemanes, quienes creían que nadie en su sano juicio intentaría atacar con ese clima, sin embargo, desembarcaron; lo demás es historia.
Felicidades, oceanólogos; colegas, fuerte abrazo y todo el reconocimiento y respeto, sigamos adelante, que aún hay mucho por hacer y mucho camino por andar.

Excelente historia, bastante entretenida, en especial cuando se brinca a la historia. Saludos!