solitary seagull flying over clear blue sky

Entre gobierno e industria pesquera la discusión continúa

El Gobierno presenta juicios de valor, mientras que la industria, información basada en ciencia. A la fecha gana el gobierno y sus asesores. Quienes han logrado evitar la captura de pelágicos menores en un área natural protegida en México. 

¿A qué intereses sirven estas decisiones? Porque al ecosistema nada. Éste por más de 70 años ha generado un superávit aprovechable. ¿A particulares, investigadores  y/o ONG´s?  Aún hoy no lo sé, ¿y por qué el gobierno accede a sus demandas? tampoco lo sé. Y vaya que hace tiempo me lo pregunto. 

Hoy esos volúmenes que pudieron ser extraídos y parte de la economía bajo un aprovechamiento sustentable, ya no están. 

Los empleos previos como reparación y avituallamiento de las embarcaciones,  los de la captura, el capitán y su tripulación y proceso, que son otro tanto; pues lo siento, no se generaron. Tampoco se generaron ingresos por ventas. La competitividad bajó. ¿El gobierno obtuvo sus impuestos y género desarrollo? Tampoco. Nadie ganó en realidad. Y las poblaciones ya no están ahí. 

¿Se logró mejorar otras pesquerías con base en  falsos juicios de valor aplicados a la conservación? No. 

¿Las aves estandarte mal tomadas por el gobierno y sus asesores como motivo de discordia aumentaron?  No. Van a la baja. Vaya caso. 

Es necesario comprender que las poblaciones marinas son reflejo de condiciones ambientales. No se pueden tratar igual que otras actividades productivas. No son bosques de manglar, que si no los talas, ahí continúan. Si no vendo el hato ganadero ahí sigue; a diferencia, si no extraigo los peces se van y más en el caso de especies migratorias. 

No queda a disposición para después. Tiene una presencia espacio-temporal determinada, que es dinámica de acuerdo al medio ambiente. A veces hay más Sardina Monterrey a veces más anchoveta; están más que documentadas las sucesiones.   

Esta temporada 2026-2027,  esta interacción población-medio ambiente, seguro se sobre expresará debido al fenómeno del Niño. Uno que incluso ha sido considerado extremo.

El Niño: cuando el océano cambia, cambia todo 

El fenómeno del Niño, a manera de describirlo sencillamente, sería un ascenso inusual superior a 0.5 °C de la temperatura promedio del océano y una duración de 5 trimestres.  

El periodo  2026-2027 se estima será de los más intensos en la historia de que se tiene registro, superior a  2.5° C. Esto a nivel océano es mucho, y generará múltiples cambios en las especies, principalmente en la productividad  primaria y de ahí, toda la cadena alimenticia.  

Beneficia a unas especies, a  otras no tanto, y a otras más, las afecta. Muy importante;  aquí vamos incluidos todos, y tú y yo. Tengamos en cuenta que del océano obtenemos entre tantos otros,  insumos de consumo directos (pescados, camarones, pulpos, caracoles e indirectos (harinas y aceites de pescado), que se integran en las dietas pecuarias que también acaba en nuestras mesas. Pero además se desarrollan redes de logística para su manejo, redes de frío, abasto, consumo etc. Por ello cuando digo todos es todos.

Y  como cosa de suerte, este fenómeno del Niño (2026-2027), y la desafortunada gestión del gobierno y asesores que evitó el aprovechamiento de la pesquería de pelágicos menores,  permitió  coincidir  con la publicación “El silencio de las gaviotas: una historia sobre El Niño y un océano que cambia”, cambios donde nada tuvieron que ver  la flota y sus capturas. Después de todo, ya van 3 años sin trabajar en la zona.   

Nos explican los científicos que han ocurrido en los procesos de anidación patrones diferentes a lo tradicional.  Registraron impactos en 3 islas: Isla Natividad, Isla Rasa e Isla Gaviota, donde señalan los autores se presentó un fenómeno que denomina salto reproductivo, una estrategia adaptativa observada en numerosas aves longevas.

Cuando las aves deciden no reproducirse   

En lugar de invertir toda su energía en una reproducción con pocas probabilidades de éxito, los adultos conservan sus reservas corporales para sobrevivir el año en que hay poco alimento y esperar un año con mejores condiciones ambientales. 

En esos años la poca energía que logran obtener de su alimento no desencadena los procesos reproductivos: no se producen suficientes hormonas sexuales, ni hay reservas para producir huevos.

En otras palabras, se saltan una temporada reproductiva antes que poner en riesgo su propia vida.

Entonces ¿No era la flota? 

Curiosamente, esa práctica mal entendida, la de  evitar el ingreso de la flota en la zona, permitió ver cómo sin actividad pesquera industrial,  las poblaciones de aves mostraron una baja en su anidación y por ende en el número de crías. 

Y por si algo faltara; en islas donde el alimento no fue escaso, la anidación fue normal. ¿Y la flota? No, no  era la flota, no eran las capturas.  

¿Y por qué es importante? Porque estamos ante  juicios de valor aceptados por el gobierno a propuesta de sus asesores, con impactos directos en la alimentación, empleo y competitividad de las empresas. 

Vaya modelo para la toma de decisiones. Vaya modelo de gestión para impulsar el empleo, desarrollo y el bienestar de las familias.

La evidencia apunta al océano 

Estamos viendo la respuesta de las poblaciones ante fenómenos ambientales.

Estamos viendo el efecto del fenómeno del Niño. La temperatura del océano que detona otras tantas variables y de cómo las aves detectan y resuelven a partir de procesos evolutivos de cientos de años estos cambios. 

Recordemos que estas aves existieron de acuerdo a registros fósiles en el Jurásico hace 150-165 millones de años, y ahí la van llevando.

Tres años sin pesca: ¿qué hemos aprendido? 

Al día de hoy, ya por 3 años, aún no pesca la flota en la zona. Una flota, hay que decirlo, con certificación internacional de Marine Stewardship Council (MSC). Esta es una de esas grandes contradicciones, “Certifique sus prácticas si gusta, pero de cualquier forma no puede pescar”. 

Léase “para México su certificación no tiene valor alguno”. Aún cuando el Plan de manejo de la reserva lo contempla como actividad permitida.

Un caso que de analizarse a detalle podría alcanzar incluso, en un descuido, una responsabilidad civil sobre los funcionarios en cuestión.   

Nadie ganó nada, ni el gobierno, ni la industria, quizás las ONG’s, en un objetivo en sus planes de control y posicionamiento, pero en general, los que llevan riesgos, compromisos, e invierten capital, todos perdimos. México perdió.

Triste ver cómo a partir de juicios de valor se han promovido acciones de gobierno, con base en sus asesores, que al final impactan cadenas productivas y afectan su competitividad, y hay que decirlo, continuamos en ello, aplicando principios mal entendidos de tipo preventivo y/o precautorio, ¿o social?     

¿Será tiempo de invertir más en ciencia pesquera y utilizarla para la toma de decisiones e instrumentos legales? ¿o seguimos con los  juicios de valor? 

Casi como la Certificación, no importa lo que ello refleje,  lo que cuenta “es lo que  yo digo” ¿y qué creen? digo  NO. 

Será que no hemos avanzado tanto como creemos. Galileo en 1633 casi muere por  decir que la tierra gira alrededor del sol, desafiando los juicios de valor y dogmas de su época. Cosa que aún me impresiona como pudo dilucidar, si cada mañana lo vemos moverse.

Lo que me permite pensar con cierto grado de razón, que capaz y con suerte, (mucha por cierto), a partir de los juicios de valor aceptados, aplicados,  y promovidos, alcanzaremos el aprovechamiento sustentable.

¿Y las evaluaciones con base en la ciencia pesquera?  Pueden seguir si así lo desean, después de todo no son relevantes. En nombre del principio de prevención y precautorio y social  yo declaro. Y así ahí la vamos llevando… aunque no estoy seguro del rumbo.

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